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Históricamente, Brasil y Alemania iniciaron la cooperación bilateral en el ámbito energético en 1975 con la firma del “Acuerdo sobre Cooperación en el Uso Pacífico de la Energía Nuclear”, que incluía la transferencia de equipos y tecnología al territorio brasileño en todas las fases del ciclo de producción. En ese momento, el acuerdo supliría parcialmente las necesidades energéticas de Brasil, especialmente después de la crisis del petróleo de 1973.

En el siglo XXI, el fortalecimiento bilateral se produjo en 2008 con la firma del “Acuerdo sobre Cooperación en el Sector Energético con Enfoque en Energías Renovables y Eficiencia Energética”. Al año siguiente, se estableció la “Asociación Energética Brasil-Alemania”, un foro político de alto nivel destinado a apoyar la producción de energía sostenible.

En 2015, ambos países elevaron el nivel de la asociación mediante un mecanismo denominado “Consultas Intergubernamentales de Alto Nivel”, una iniciativa que Alemania mantiene con pocos países fuera de la Unión Europea. Ese mismo año, los países asumieron el compromiso de descarbonizar totalmente la economía mundial a lo largo del siglo XXI.

También es importante mencionar la “Alianza Brasil-Alemania para el Hidrógeno Verde”, creada en 2020 por las Cámaras de Comercio e Industria Brasil-Alemania de Río de Janeiro y São Paulo, con el objetivo de promover y explorar oportunidades de negocio entre empresas e instituciones de ambos países.

Con la actualización de la “Estrategia Nacional del Hidrógeno de Alemania”, el gobierno alemán dispuso un paquete de estímulo económico de unos 2 mil millones de euros para el desarrollo de una estructura de importación y la expansión del mercado global, fomentando los mercados y promoviendo la cooperación internacional. Posteriormente, Brasil y Alemania establecieron la “Declaración Conjunta de Intención para una Transformación Ecológica y Socialmente Justa”, que incluye, entre otros temas, la transición energética y la descarbonización de las economías.

Al analizar los objetivos de la Estrategia Nacional Alemana y la mencionada Declaración Conjunta, se percibe la complementariedad de propósitos: Brasil como productor y exportador, y Alemania como consumidora, inversora e importadora en esta relación económico-energética. Así, en marzo de 2024, Alemania formalizó una donación de hasta 25 millones de euros para proyectos de descarbonización industrial en Brasil, en sectores de alta emisión de carbono como el siderúrgico y el cementero.

De este lado del Atlántico, la condición geográfica brasileña le otorga una alta capacidad de generación de energía renovable, situándose entre los mayores del mundo en potencial solar (cercano al de países desérticos) y como uno de los mejores para la producción de energía eólica. El informe “Actualización del Mercado del Hidrógeno en América Latina” señala que Brasil está listo para asumir su papel destacado y convertirse en uno de los principales exportadores del combustible gracias a la abundancia de energías renovables.

Del otro lado del Atlántico Norte, dado que la producción europea es insuficiente para sus necesidades, una solución urgente sería la importación desde países donde el hidrógeno pueda producirse de forma más económica y a gran escala. Así, las ventajas competitivas brasileñas, como la disponibilidad de recursos renovables más baratos, y la cooperación alemana en el desarrollo de actividades conjuntas caracterizan la complementariedad energética. He ahí la relación de beneficio mutuo Brasil-Alemania.

Las estimaciones del Hydrogen Council muestran que Brasil tiene condiciones para convertirse en protagonista del Hidrógeno Verde en un mercado que alcanzará los 2,5 billones de dólares a nivel mundial en 2050. Por ello, la alianza Brasil-Alemania adquiere un aspecto estratégico global en la transición energética mediante la producción de Hidrógeno Verde.

No por casualidad, la Agencia de Cooperación Alemana (GIZ) está invirtiendo en el desarrollo de proyectos de producción en territorio brasileño mediante la cooperación técnica denominada “Asociación Tecnológica Brasil-Alemania para el Almacenamiento de Energía”. Otra institución alemana de gran relevancia que estrechó lazos energéticos con Brasil fue el Instituto Fraunhofer, al observar el prometedor mercado nacional, deseando colaborar activamente en la transición energética sostenible mediante el uso de tecnologías que aumenten la competitividad del hidrógeno como fuente renovable.

De esta manera, el proceso gradual de transición de las energías fósiles a las renovables, actualmente en marcha, es irreversible y necesario para mitigar los efectos del calentamiento global. Para ello, se requiere una unión más allá de las fronteras, una sinergia global de esfuerzos y una interdependencia entre diversos países.

En este contexto, en la búsqueda de mitigar la quema de combustibles fósiles, contrarrestar los eventos climáticos adversos y aumentar la producción de energías renovables en el proceso de transición energética, Brasil y Alemania vienen consolidando alianzas que demuestran el interés mutuo en los compromisos asumidos en el Acuerdo de París.

REFERENCES